Estas Navidades hemos aprovechado para quitarle el pañal a Ibai que ya tiene 2 años y 3 meses. La verdad es que era un tema que nos daba un poco de "miedo", dicen que los niños tardan más que las niñas en controlar su pipí, y a Irati se lo quitamos con esta misma edad, así que no esperabamos que funcionara.
A decir verdad pensabamos en esto como la primera intentona y luego probar definitivamente en verano, donde los pantalones y culitos mojados no son tan peligrosos como con este frío en invierno.
Pero la "operación" ha resultado ser todo un éxito, nos ha dejado a todos sorprendidos la rapidez con la que Ibai se ha acostumbrado al orinal, así que he pensado compartir por aquí las pautas que hemos seguido por si a alguien más le pudieran ser de ayuda.
1. El orinal es mi amigo:
El orinal ya llevaba tiempo rodando por casa. Lo subimos hace unos meses para que Ibai se fuera acostumbrando a verlo en el baño. Sin agobios, ni le obligamos a sentarse en él, ni establecimos horarios para los pises, ni le preguntamos cada dos segundos si tenía ganas. Le explicamos que era para hacer pis y cacas como los mayores y ya está.
2. Elijo mis calzoncillos:
Una vez decididos a dar el paso nos fuimos a comprar calzoncillos "como los niños mayores". Fundamental que él elija los que le gusten más, así estará contento de ponerselos. Ibai se fue directo a por unos completamente amarillos de Bob Esponja (la madre no soporta a Bob Esponja, pero aquí lo importante es que le gusten al niño, así que ni rechistar).
3. Ya soy mayor:
Hemos ido a comprar calzoncillos así que le explicamos que el pañal ya no hace falta más que para dormir, que a partir de ahora puede utilizar el solito el orinal cuando quiera y tenga ganas. Le quitamos el pañal y le dejamos ya sólo con el calzoncillo. Puede que creáis que no os entiende (a mi Ibai me miraba como las vacas cuando ven pasar el tren) pero confiar en vuestros hij@s, son muy listos y aunque no lo parezca lo pillan todo a la primera.
4. En casa todos cagamos y meamos:
En casa las puertas de los baños están siempre abiertas, no es algo que hayamos planeado previamente, simplemente cuando eran pequeños y cerrabamos las puertas siempre se quedaban del otro lado llorando y gritando, y, francamente, yo prefiero hacer lo que tenga que hacer sin concierto acústico de lloros, aunque eso implique tener un pequeño observador junto a mí.
Como todo tiene su lado bueno, eso ha llevado a que los niños tengan super asumido el lado escatológico de la vida, y además, imitando se aprende ¿no?
4. ¿Caca o pis? Festejo de vítores y aplausos:
Lo dicho, cada vez que el peque hace pis o caca en casa lo celebramos con una gran fiesta, vamos corriendo a decírselo a Irati, al aita o a la vecina del 5º si hace falta. La primera vez es la más importante, el niño os mirará con ojos como platos, pero una vez entendido el porqué de semejante follón se hinchará de orgullo como un pavo real y estará deseando repetir su "hazaña".
Eso sí, una vez que la rutina esté asumida podemos ir bajando el nivel de celebración y dejarlo en un simple "¡muy bien hecho!" que tampoco es plan de andar todo el día con el matasuegras a cuestas.
5. Una vez empezado... no paramos:
Si el peque está respondiendo bien y ya va de vez en cuando al baño... ¡no paramos! Da igual si nos vamos de viaje, a casa de la abuela o donde sea. En casi cualquier sitio hay baños decentes y si no ya sabemos todos que los niños pequeños tienen permitido mear en los jardines.
Si nos vamos unos días fuera metemos el orinal en la maleta y lo colocamos en el baño del sitio en el que vayamos a pasar las vacaciones. Nosotros nos fuimos unos días a esquiar y el orinal se vino con nosotros. Esta claro que es más cómodo volver al pañal pero si nosotros nos echamos para atrás el peque aprenderá lo mismo y todo el esfuerzo habrá sido en vano.
6. Se me ha escapado... no pasa nada, la próxima vez lo haré bien:
No sirve de nada que si se le escapa el pis nos pongamos nerviosos, empezemos a chillar o le echemos la bronca, así lo único que conseguiremos es que coja miedo a hacer pis. Así que calma y fregona al canto. Le decimos tranquilamente que la próxima vez tiene que ir al orinal y ya está. A nadie le gusta mearse encima y estar mojado, a los peques tampoco.
Por supuesto será imprescindible acostumbrarnos a llevar siempre con nosotros unas cuantas mudas y pantalones limpios y ¡paciencia!
Ya veis, al final no es tan dificil, y si por lo que sea veis que el niñ@ todavía no está preparado, que aún no se entera mucho de la fiesta y que se está convirtiendo en algo agobiante para él, pues no pasa nada, tampoco es plan de traumatizarle. Se guarda todo y se espera unos meses para volver a intentarlo.
¿Qué os parece? ¿Vosotr@s utilizasteis algún otro truquito con vuestros peques o todavía no os habéis animado a dar el paso?