
Desde que me quedé embarazada tenía ganas de pintar un mural en la habitación de mi peque, pero por unas circunstancias o por otras no lo hice y cuando nació Irati era ya misión imposible, así que, cuando decidimos mudarnos de casa, pensé que
no podía dejar pasar la oportunidad.
Tenía muy claro lo que quería dibujar, era una idea que llevaba ya tiempo rondándome la cabeza así que me puse a ello. Comprar los materiales fue relativamente fácil pero cuando me enfrenté a la pared en blanco... ¡ay Dios mío! Ahí es cuando me empezaron los sudores fríos y poco me faltó para echarme para atrás, ya me imaginaba teniendo que volver a pintar toda la pared entera de blanco para ocultar el desastre.
Finalmente me lancé y una vez dados los primeros brochazos fue cuando empecé a disfrutar y a dejarme llevar.

Ahora estoy muy contenta con el resultado, creo que para haber sido mi primer mural no ha quedado nada mal e incluso me estoy planteando pintar algún otro mural por casa.
Os pongo un par de fotos a ver que os parece a vosotros (
Maite no seas muy crítica por favor que tú eres una profesional de esto!)
P.D: ¡¡¡Mil gracias a tod@s por vuestros mensajitos!!! ¡¡¡así da gusto volver al cole, digo... a la rutina!!!